viernes, 24 de enero de 2014

Liberal Humanista

Hace algún tiempo ya que no pienso más en izquierdas y derechas porque en algún momento me di cuenta que es otra de las armas de la hegemonía dominante para mantenernos separados, al igual que las ideologías religiosas que también la ayudan a mantener su poder. El sistema económico imperante es uno y se llama capitalismo. No hay otro que rija nuestra vida económica, aunque empiezan a surgir alternativas en base a la necesidad y a la decadencia en la que se encuentra este sistema de acumulación de unos pocos en base a la miseria de las mayorías. La gente esta dividida porque eso es lo que le conviene a la hegemonía para gobernar, como ya lo mencioné. Para dividirnos usan todo tipo de artimañas. La división básica está entre los que nos damos cuenta y somos conscientes de las diferentes formas mutativas ideológicas que surgen desde la hegemonía dominante para mantenernos oprimidos, y los tontos útiles a los que les hacen creer cosas a través de múltiples formas. Los unos trabajamos por el bien de la humanidad, por el bien común. Los otros trabajan para producirle utilidad al capital de alguien (bajo la ilusión de ser ellos también “alguien” con mucho dinero) sin tener en cuenta en lo absoluto el factor humano, pero convencidos bizarramente de lo contrario y de que más bien son los buenos (para eso se golpean el pecho ante su dios que premia su “bondad”) porque viven idiotizados por sus creencias. Son los muertos vivientes de los que vive el capitalismo (por eso tendrán tanto éxito esas series?, me pregunto. O los muertos vivientes serán la representación de toda esa parte “fea” y hambrienta” de la humanidad que debemos eliminar? Mmm... merece un análisis aparte). A lo primero a lo que hemos sido sometidos masiva e individualmente todos desde niños, para subdesarrollar mentes dominadas, es a la instalación e implante en el inconsciente de la creencia en una superioridad absoluta e incuestionable. Está, además, es capaz de juzgarnos y castigarnos cruelmente en el caso le fallemos. Primero que todo debemos adorarla por encima de todas las cosas y seres existentes. Increíblemente, y allí esta lo bizarro, son a la vez representantes de lo bueno y del amor “verdadero”. Bajo esta primera presión psicológica social/familiar crecemos. Este es el principio básico de toda dominación. Instalada esa premisa lo que viene es pan comido. Como ya no somos capaces de tener un criterio totalmente libre y de juzgar por nosotros mismos (aunque nos hagan creer lo contrario), lo que tenemos que seguir son reglas simples y hacer desplazamientos de esa superioridad, ya instalada, en otras cosas. Allí surjen los fanatismos, incluso hasta rebeliones, pero todo bajo la misma premisa. El sistema dominante esta tan bien estructurado que incluso desarrollan sus propios “rebeldes”. Un claro ejemplo de eso lo vemos en los socialismos que hemos visto en estos años, la rebelión supuestamente “revolucionaria” pero indudablemente bajo la mismísima premisa capitalista, que hace que en vez de las “malditas” corporaciones surjan las “buenas” burocracias estatales preocupadas por las mayorías. El juego es el mismo, dominar a la población. Tomar conciencia de las cosas como son no es fácil, es un proceso doloroso pero necesario. Te conduce a la incertidumbre, porque perdemos la soberbia de creer que sabemos quién creo todo. Te lleva a tu propia realidad, la de ser uno más en una especie que el algún momento de la existencia desaparecerá tal cual la conocemos. Increíblemente lo que está acelerando este proceso viene justamente de la mano de la “inteligencia” de toda esa superioridad, hegemónica, egoísta y codiciosa que busca dominarnos.

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